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11/03/2016

Celebración Penitencial

Hoy viernes 11 de Marzo tendremos Celebración Penitencial a partir de las 18 h en la Parroquia San Juan de Ávila.

Como en todo Año Jubilar, un aspecto muy importante es la acogida del don de gracia y misericordia que de manera particularmente significativa se ofrece a la Iglesia a través de los sacramentos y en especial del sacramento de la Reconciliación.

Este sacramento expresa la riqueza del misterio de la misericordia divina que se ofrece gratuitamente a los hombres a través de la mediación de la Iglesia. Entre las varias y preciosas descripciones que el papa hace de la misericordia podemos destacar:

“Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro”.

El hombre necesita saberse perdonado y aceptado pese a sus errores, limitaciones y contradicciones o de lo contrario arrastra, lo reconozca o no, un sentimiento de culpa, de frustración y de vacío. La pregunta es ¿y quién es el que puede perdonar al hombre? ¿Quién puede satisfacer esa sed de paz, esa “nostalgia de reconciliación” que habita en lo hondo de su ser? Nadie sino Dios, capaz de recrear aquello que el pecado destruye, de hacer nuevas todas las cosas en el hombre y en el mundo.

La necesidad de la misericordia que habita en cada ser humano, no constituye un valor en alza en nuestro mundo. El hombre se siente, cada vez más, dueño de la tierra y sujeto único y absoluto de la vida moral. Por eso, es la sociedad quien, no pocas veces, determina qué es lo verdadero o lo falso, lo bueno o lo malo, qué cosa sea un error o cuál un delito. De este modo, lo socialmente admitido y legalmente permitido tiende a considerarse sin más como lo moralmente aceptable. Una cierta autosuficiencia en el hombre de hoy explica por qué tantas personas afirmen ufanamente no arrepentirse de nada de lo hecho en su vida y, ya en el contexto intraeclesial, la razón por la que muchos cristianos no sienten la necesidad del recibir el perdón o simplemente no descubren en sí mismos pecado alguno que reconocer o del que convertirse.

Debemos aprovechar este año de perdón e indulgencia para desalojar todo rastro de resentimiento o de rencor que no debería tener cabida en el corazón de un cristiano. Nos encontramos en un tiempo propicio para llevar a la práctica otras dos obras de misericordia espirituales, perdonar las injurias y sufrir con paciencia los defectos de los demás mediante la conversión y la reconciliación.